Los 4 pasos que debes seguir para tener un huerto en casa de postal, según dos paisajistas
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Un huerto en casa que sea productivo (y bonito) todo el año no es ninguna quimera. Preguntamos a expertos cómo conseguirlo
Que tener un huerto en casa es el sueño verde del siglo XXI lo sabíamos hace tiempo. Un deseo compartido con figuras como Pamela Anderson, Sienna Miller, Jennifer Garner o la periodista de moda Cathy Horyn –cuya granja de flores encarna todos nuestros anhelos–. Como pasa con todo, ya no nos conformamos con que sea productivo, también queremos que sea bonito, armonioso, de postal. Por eso, hemos hablado con los paisajistas Javier Coves y Moraime para que nos cuenten cómo puedes mejorar el nivel estético de tu jardín comestible, tengas el espacio que tengas y ya sea un huerto urbano o esté en una zona rural.
1. Elige la estructura de tu huerto
“Nuestros clientes nos piden cada vez más el tener un huerto en su jardín, cerca de la casa y la cocina. Ver florecer y crecer lo que luego nos vamos a comer se ha convertido en algo deseable y placentero”, comienza Moraime. Es algo que también ha detectado Coves, que emplea sus conocimientos profesionales para crear espacios con esa dimensión estética que perseguimos cada vez más a menudo: “Durante años, hemos concebido el huerto como un espacio estrictamente productivo, casi utilitario. Sin embargo, cuando se aborda desde el paisajismo, este proyecto deja de ser una suma de cultivos para convertirse en un paisaje y un ecosistema en sí mismo”, cuenta.
En este sentido, el punto de partida es siempre el mismo: la estructura. “Para que el huerto sea atractivo a lo largo del año hay que dotarlo de una estructura singular a nivel constructivo, ya sea formal u orgánica”, incide Moraime. “Podemos dibujar un plano en forma de retícula, en disposición radial o más natural y sinuosa, e incluir elementos construidos como muretes de piedra seca, empalizadas de madera o de mimbres trenzados, o chapas metálicas”.
Coves ahonda en esta idea: “Antes que las plantas, el orden. Un sistema claro de recorridos, límites bien definidos y una geometría legible elevan inmediatamente el conjunto. Los materiales honestos, como la madera sin tratar, los áridos o el acero, aportan una sensación de permanencia y arraigo, alejándolo de lo provisional”.
2. Idea la zonificación
Una vez que tenemos clara la estructura, “la zonificación permite introducir intención”, en palabras de Coves. “Al igual que en un jardín naturalista, la repetición y la secuencia construyen una narrativa. El huerto deja de ser fragmentado y empieza a leerse como un todo”.
La zonificación consiste en organizar el espacio en áreas coherentes y pensadas en lugar de plantar de forma dispersa. Para ello, se pueden agrupar los cultivos por tipología o efecto visual (hojas, flores, frutos, aromáticas…) o alternar combinaciones para generar ritmo y continuidad. Este ejercicio introduce intención en el huerto, porque ordena el espacio con un criterio tanto estético como funcional, integrando variables como la luz, la altura o el uso, pero, sobre todo, creando una narrativa visual coherente.
Para ello, es básico prestar atención a la elección de las plantas. “Es donde realmente se produce el salto”, indica Coves. “Incorporar especies que, además de productivas, tengan valor estructural o estacional es clave. Aquí aparece el naturalismo, entendido no como desorden, sino como una forma más libre y dinámica de componer: permitir que ciertas especies se resiembren, que convivan distintos estratos y que el huerto evolucione con el tiempo”, explica, citando un concepto muy actual, el de aliarse con el lado más ‘salvaje’ de la naturaleza.
En este sentido, Moraime suma otras valiosas ideas que pueden crear interés en nuestro espacio vegetal: “La estructura del huerto se puede enriquecer al incluir borduras arbustivas, talladas o libres, elementos verticales de topiaria (formas vegetales recortadas) o estructuras verticales en madera o metal que articulen el espacio y sirvan para el crecimiento de especies trepadoras como las judías, guisantes o calabazas”.
Es decir, a la hora de planear la zonificación debemos tener en cuenta también si nuestras plantas son trepadoras o no. Además, podemos dejarnos llevar por la imaginación y añadir ejemplares decorativos, simplemente por el placer de verlos crecer y vestir el espacio. “Será importante hacer una buena planificación de cultivos según la temporada, para que siempre haya algo de interés, e incluir flores que crezcan junto a las hortalizas, aportando color y suministrándonos ramos para la casa”, explica el profesional.
Esta concepción naturalista de la plantación está también muy cerca de la permacultura, una forma de cultivo que implica el menor trabajo humano posible, pues se planifica para gestionarse a sí misma. Esto es posible porque emula un ecosistema real y sano, donde todo está equilibrado. Curiosamente, una de las formas más comunes que adoptan los huertos de permacultura es la espiral, también muy decorativa. En su centro se suele incluir un pequeño estanque que recoja agua de lluvia y atraiga a animales depredadores de insectos.
4. Piensa más allá del tamaño
Si sientes que para integrar todo lo anterior en tu casa debes tener espacio de sobra, Coves te hará cambiar de idea: “Conviene recordar que el jardín, y por extensión el huerto, no entiende de metros cuadrados. No es una cuestión de escala, sino de intención”. El paisajista, de hecho, acaba de firmar un proyecto de huerto tan, tan pequeñito, que se desarrolla en macetas de barro: “Un simple macetero puede ser comestible, estético y aportar biodiversidad si está bien pensado. A veces, reducir el espacio obliga a afinar las decisiones, y ahí es donde aparecen los proyectos más interesantes”.
